miércoles, 25 de julio de 2018

LA ZORRA Y LA CIGÜEÑA


La zorra y la cigüeña
Hacía mucho tiempo que la zorra y la cigüeña no se veían, cuando un día se encontraron por casualidad.
La cigüeña era una excelente señora, pero a la zorra le mortificaba el airecito altanero con que caminaba, y se le ocurrió hacerle una broma.
Después de saludos y tiernos abrazos, dijo la muy astuta. Para celebrar tan felicísimo encuentro, te invito a cenar en mi casa.
La cigüeña acepto complacida creyendo en la sinceridad de la invitación y, poco después, estaban las dos conversando tranquilamente en casa de la zorra.
Cuando la cena estuvo lista, la anfitriona invitó a la cigüeña a pasar al comedor. Una exquisita comida las esperaba.
Pero la astuta zorra había servido todo sobre platos extendidos y, mientras ella comía a dos carrillos, la pobre cigüeña, con su largo y puntiagudo pico, no pudo probar bocado alguno.
La zorra, viendo lo que le sucedía a su convidada, se reía. Y como la cigüeña era en extremo educada, disimuló su contrariedad fingiendo que le había agradado la cena. Pero -está demás decirlo- se dio perfecta cuenta de la pesada broma de doña zorra.
Poco después, volvió a pasar la cigüeña frente a la casa de su amiga astuta y, luego de saludarla, añadió. Quiero corresponder a tu fina atención y te invito a comer en mi casa.
La zorra aceptó complacida, viendo que la ocasión le daría la oportunidad de comer sin gastar un centavo.
Llegaron a la vivienda de la cigüeña y, tras charlar un rato, pasaron al comedor. También les esperaba una riquísima comida, pero no sobre platos lisos, sino dentro de panzudas botellas de largos y estrechos cuellos.
Desde luego, la dueña de casa devoró cuanto quiso, porque con su larguísimo pico podía llegar hasta el fondo de las botellas.
La zorra, en cambio, pasaba y repasaba su hocico por el borde, estiraba la lengua y solo lograba lamer el frío vidrio sin sabor alguno, en tanto que le provocaba el exquisito olor de la comida.
De este modo, la cigüeña respondió con la misma moneda a la malintencionada zorra.

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https://drive.google.com/open?id=1vXYZTlN48GaMD-ne3pQshFCuhbXqqJiWLA ZORRA Y LA CIGUEÑA

LA RATITA BLANCA


La ratita blanca
El hada soberana de las cumbres invitó un día a todas las hadas de las nieves a una fiesta en su palacio.

Todas acudieron envueltas en sus capas de armiño y guiando sus carrozas de escarcha. Sin embargo, una de ellas, Alba, al oír llorar a unos niños que vivían en una solitaria cabaña, se detuvo en el camino.
El hada entró en la pobre casa y encendió la chimenea. Los niños, calentándose junto a las llamas, le contaron que sus padres hablan ido a trabajar a la ciudad y mientras tanto, se morían de frío y miedo. –“Me quedaré con vosotros hasta que vuestros padres regresen, prometió.
Y así lo hizo, pero a la hora de marcharse, nerviosa por el castigo que podía imponerle su soberana por la tardanza, olvidó la varita mágica en el interior de la cabaña.
El hada de las cumbres miró con enojo a Alba. “¿No solo te presentas tarde, sino que además lo haces sin tu varita? ¡Mereces un buen castigo!
Las demás hadas defendieron a su compañera en desgracia. –“Sabemos que Alba no ha llegado temprano y ha olvidado su varita, pero por su buen corazón, el castigo no puede ser eterno. Te pedimos que el castigo solo dure cien años, durante los cuales vagara por el mundo convertida en una ratita blanca.

As
í que, si veis por casualidad a una ratita muy linda y de blancura deslumbrante, sabed que es Alba, nuestra hadita, que todavía no ha cumplido su castigo.



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miércoles, 18 de julio de 2018

LA LIEBRE Y LA TORTUGA


La liebre y la tortuga
En el mundo de los animales vivía una liebre muy orgullosa y vanidosa, que no cesaba de pregonar que ella era la más veloz y se burlaba de ello ante la lentitud de la tortuga.
¡Eh, tortuga, no corras tanto que nunca vas a llegar a tu meta! Decía la liebre riéndose de la tortuga.
Un día, a la tortuga se le ocurrió hacerle una inusual apuesta a la liebre
Estoy segura de poder ganarte una carrera.
¿A mí? Preguntó asombrada la liebre.
 Sí, sí, a ti, dijo la tortuga. Pongamos nuestras apuestas y veamos quién gana la carrera.
La liebre, muy engreída, aceptó la apuesta.
Así que todos los animales se reunieron para presenciar la carrera. El búho señaló los puntos de partida y de llegada, y sin más preámbulos comenzó la carrera en medio de la incredulidad de los asistentes.
Astuta y muy confiada en sí misma, la liebre dejó coger ventaja a la tortuga y se quedó haciendo burla de ella. Luego, empezó a correr velozmente y sobrepasó a la tortuga que caminaba despacio, pero sin parar. Sólo se detuvo a mitad del camino ante un prado verde y frondoso, donde se dispuso a descansar antes de concluir la carrera. Allí se quedó dormida, mientras la tortuga siguió caminando, paso tras paso, lentamente, pero sin detenerse.
Cuando la liebre se despertó, vio con pavor que la tortuga se encontraba a una corta distancia de la meta. En un sobresalto, salió corriendo con todas sus fuerzas, pero ya era muy tarde: ¡la tortuga había alcanzado la meta y ganado la carrera!

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miércoles, 4 de julio de 2018

EL ZORRO Y EL CUERVO


El zorro y el cuervo

Estaba un cuervo posado en un árbol y tenía en el pico un queso.
Atraído por el aroma, un zorro que pasaba por ahí le dijo:
Buenos días, señor Cuervo. Qué bello plumaje tienes Si el canto corresponde a la pluma.
Al oír esto el cuervo, se sintió muy alagado y lleno de gozo.
Para hacer alarde de su magnífica voz, abrió el pico para cantar, y así dejo caer el queso.
El zorro rápidamente lo tomó en el aire y le dijo:
Aprenda, señor cuervo, que el adulador vive siempre a costa del que lo escucha y presta atención a sus dichos; la lección es provechosa, bien vale un queso.

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LA ZORRA Y LA CIGÜEÑA

La zorra y la cigüeña Hacía mucho tiempo que la zorra y la cigüeña no se veían, cuando un día se encontraron por casualidad. La cig...